Celebracion Domingo 23 de noviembre de 2014.- CEIM-QUILLOTA

Efesios 6.10-17
“Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el señor en el poder de su fuerza.
Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.
Porque no tenemos lucha contra sangre ni carne, sino contra principados, contra potestades, contra gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.
Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.
Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia.
Y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz.
Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.
Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.”


El domingo 23 de  noviembre de 2014, en la sede de CEIM-Quillota, se vivió una celebración bendecida, con abundante gozo y fraternidad. Desde las alabanzas hasta la oración final, cada elemento fue una instancia de bendición de parte de Dios para su pueblo.       
En esta oportunidad la prédica fue compartida por nuestra Pastora Teamar  Ulloa, y el mensaje central fue:

En ocasiones el ser humano cree que puede ocultar alguna cosa, pero olvida que Dios conoce el corazón.
En este tiempo la lepra no es física, sino que es espiritual y de apoco va dañando el corazón.
Debe existir la convicción en el corazón de que Dios sanará, porque aunque se haga oraciones de labios o se entregue dinero, con eso no se consigue nada delante de Dios.
Se debe tener en cuenta que lo importante no es el mensajero, sino que el mensaje.
Es tiempo de EXAMINAR el corazón.

2 Reyes 5:1-11Reina-Valera 1960 (RVR1960)
Eliseo y Naamán
5  Naamán, general del ejército del rey de Siria, era varón grande delante de su señor, y lo tenía en alta estima, porque por medio de él había dado Jehová salvación a Siria. Era este hombre valeroso en extremo, pero leproso.Y de Siria habían salido bandas armadas, y habían llevado cautiva de la tierra de Israel  a una muchacha, la cual servía a la mujer de Naamán.Esta dijo a su señora: Si rogase mi señor al profeta que está en Samaria, él lo sanaría de su lepra.Entrando Naamán a su señor, le relató diciendo: Así y así ha dicho una muchacha que es de la tierra de Israel.Y le dijo el rey de Siria: Anda, ve, y yo enviare  cartas al rey de Israel.Salió, pues, él, llevando consigo diez talentos de plata, y seis mil piezas de oro, y diez mudas de vestidos.Tomó también cartas para el rey de Israel, que decían así: Cuando lleguen a ti estas cartas, sabe por ellas que  yo envío a ti mi siervo Naamán, para que lo sanes de su lepra.Luego que el rey de Israel leyó las cartas, rasgó sus vestidos, y dijo: ¿Soy yo Dios, que mate y dé vida, para que éste envié  a mí a que sane un hombre de su lepra? Considerad ahora, y ved cómo busca ocasión contra mí.Cuando Eliseo el varón de Dios oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestidos, envió a decir al rey: ¿Por qué has rasgado tus vestidos? Venga ahora a mí, y sabrá que hay profeta en Israel.Y vino Naamán con sus caballos y con su carro, y se paró a las puertas de la casa de Eliseo.10 Entonces Eliseo le envió un mensajero, diciendo: Ve y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio.11 Y Naamán se fue enojado, diciendo: He aquí  yo decía para mí: Saldrá él luego, y estando en pie invocará el nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano y tocará el lugar, y sanará la lepra.





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